La formalización de la minería artesanal y de pequeña escala (MAPE) es un reto para todos los países productores de oro. Aunque los resultados varían en gran medida, en general, la MAPE sigue siendo predominantemente informal. Una, pero sin duda no la única causa de esta situación, es la falta de información precisa y oportuna para los mineros, las autoridades y la sociedad civil. Ahora, si el sector ya ha identificado este obstáculo para la formalización, ¿por qué persiste entonces la carencia de canales de comunicación adecuados entre los actores de la industria? Sería injusto decir que no se han hecho esfuerzos en ese sentido; gobiernos, ONGs e incluso grandes compañías mineras han dedicado tiempo y recursos en busca de que la información correcta llegue a los públicos y personas adecuadas en el momento preciso. Estos esfuerzos, sin embargo, han sido insuficientes y, en mi opinión, poco creativos.
Los canales de información deben ser hechos a la medida de las distintas audiencias, los mineros no utilizan los mismos medios que los joyeros, los gobiernos o las ONGs ambientales. El público en general no es experto en minería, de ahí que la información técnica tienda a ser ignorada o malinterpretada. Así las cosas, ¿cómo llegar a todos los actores con información correcta a través de mensajes adecuados?
El uso de tecnologías de la información es una alternativa que puede mejorar los canales de comunicación del sector minero, especialmente para los actores intermedios tales como joyeros y consumidores finales. Desafortunadamente, el acceso a internet sigue siendo limitado para muchas comunidades MAPE y solo las generaciones más jóvenes participan marginalmente en su uso. En muchas comunidades mineras la radio sigue siendo el principal medio de comunicación, esta, sin embargo, es raramente utilizada por otros actores de la industria como canal hacia los mineros. Para fines de política pública, el reto no es menor. Los tomadores de decisiones no suelen ser expertos en minería y el público en general tiende a usar las redes sociales como su principal fuente de información sobre el tema. El resultado de todo esto son políticas pobremente informadas y un sector MAPE estigmatizado que, a los ojos del público, es el causante de múltiples problemas ambientales y sociales.
Una de las principales razones por las que no se desarrollan vías de información adecuadas para cada audiencia es el costo. Poner en marcha estrategias diferenciadas para distintos públicos no es barato y organizaciones como ARM, que trabaja con TODOS los actores de la industria, tienen que mantener un complejo equilibrio entre impacto, costo y alcance. Muchas veces nos vemos en la necesidad de elegir qué audiencia atender y qué otra dejar por fuera, en cuál actor enfocarnos y cuál dejar para que se informe apropiadamente en otras fuentes. Si bien enviamos constantemente información a todos los actores que conforman nuestro público objetivo, no lo hacemos a través de canales diseñados a medida, por lo cual nuestros esfuerzos de comunicación no son tan eficaces como podrían serlo.
Desafortunadamente, no dispongo de una respuesta que solucione el desafío relacionado con la información en el marco de la formalización de la MAPE. Propongo en cambio que aquellos de nosotros que trabajamos por mejorar las vidas de cientos de miles de familias que dependen de la MAPE en el mundo, trabajemos juntos en 2016 para crear mejores y más efectivos canales de comunicación entre los actores de la industria. Creo que trabajar aisladamente está costándonos tiempo, dinero y reputación; si se trata de no tener las capacidades suficientes para hacerlo por nuestra cuenta, entonces parece lógico que debemos unirnos para satisfacer las necesidades del sector.
Seguramente una ONG, gobierno o compañía minera en algún lugar ha tenido experiencias positivas de las cuales aprender. ARM ha desarrollado ideas interesantes que han funcionado muy bien en el nivel micro. Si usted comparte nuestra visión de la MAPE y enfrenta retos similares a los nuestros, le invitamos a que comparta su experiencia con nosotros, estamos más que dispuestos a corresponder de igual forma. Como jugadores activos del sector minero también podemos confiar en otros canales de comunicación para extender nuestro mensaje. Es mucho más efectivo cuando joyeros, asociaciones de industria, grandes compañías mineras y representantes de la MAPE envían un mensaje claro a un gobierno que una aislada ONG toca puertas por su cuenta.
Los distintos actores pueden ayudarse también entre sí en la tarea de construir mensajes para audiencias específicas. Los gobiernos, por ejemplo, quienes suelen comunicarse con los mineros de forma represiva y negativa, pueden beneficiarse del trabajo de organizaciones como ARM, que hagan más amigable el mensaje y, por ende, aporten al cumplimiento de los objetivos que se tracen. De la misma forma, los joyeros pueden ayudar a organizaciones académicas o de la sociedad civil a transformar información técnica y francamente poco atractiva, en mensajes poderosos y sexys. Con el fin de superar las restricciones de tiempo y dinero debemos ser creativos y encontrar oportunidades de colaboración con nuestros compañeros actores de la industria y maximizar así nuestro potencial de comunicación.
Mientras no asumamos esa tarea, la formalización de la MAPE continuará eludiéndonos, su imagen continuará deteriorándose y el diálogo y debate constructivo entre actores del sector seguirá siendo marginal. Como un todo, los esfuerzos de formalización de los gobiernos, compañías, la sociedad civil y las comunidades MAPE no serán tan efectivos como podrían si, como industria, no ponemos nuestros patos en fila y empezamos a trabajar unos con otros para brindar información de manera adecuada sobre la MAPE.