Historias del territorio

Yurani Carabalí Vergara

una barequera empoderada e independiente

El sol abrasa las pieles mientras contemplamos sorprendidos la belleza de paisaje inundado por el Embalse de la Salvajina, que anegó la municipalidad de Suárez en el año 1986. “(…) la construcción del Embalse de La Salvajina en el año de 1986, no solo [inundó] zonas de reconocida riqueza aurífera, sino los sueños de seguir escarbando en las peñas de Mindalá y otras veredas, que antaño fueron generosas con los esfuerzos de los mineros, que obviamente se vieron forzados a desplazarse a zonas diferentes a sus sitios de habitual residencia (…)”. [i]

Desde este punto alto donde se divisan las montañas cauqueñas de Colombia, Yurani habla enérgica sobre el barequeo y su vida, dos conceptos que se confunden entre sí en sus palabras. Yurani tiene 25 años, es madre de una hija igual de sonriente que ella, Karol, e hija de una mujer de mirada nostálgica y calmada. Yurani trabaja en la minería artesanal “barequeando en las orillas del lago o por el río”. Este es su sustento, junto a la agricultura de café, labores que aprendió desde los 13 años.

[i] Plan de desarrollo Alcaldía de Suárez

“A veces cuando hay cogida de café, uno se va a trabajar en eso, y cuando no hay, uno se va a buscar al agua, en las quebradas”.

Cuando aún es oscuro, a las 5 de la mañana, Yurani se levanta para alistar a su hija y llevarla a la escuela, que está más arriba de su casa de madera, dónde se llega por caminos de tierra en los que a lado y lado se divisa que la minería no es solo el sustento de ella, sino de toda una comunidad. Ya habiendo dicho adiós a Karol, Yurani se va a trabajar o sola o en grupo (con su madre o sus tías): “a veces vamos caminando y a veces en la canoa, uno medio descansa y ya se agarra a barequear”.

A las 2.30, Yurani regresará para recibir a su hija de la escuela, con quien almorzará y pasará la tarde. Ella mira a su hija y recuerda cuando estudiaba, también cuando viajó a Cali para continuar haciéndolo, hasta que a los 20 regresó embarazada a su casa. Aunque tuvo que dejar de estudiar, Yurani habla feliz de nuevos retos: está yendo a clase todos los lunes para terminar el diplomado; después, le gustaría estudiar y ser profesora. Sin embargo, por ahora dice que disfruta su trabajo: “me gusta el trabajo así en grupo, las quebradas, la agüita…”.

Explica con orgullo que su madre le enseñó: “me llevó porque ella también es barequera y porque este es el sustento de uno, en el tiempo en el que estoy eso aún es lo que le sostiene a uno, la minería, también la agricultura pero como no tengo finca, apenas estoy plantando ahora planticas de plátano y café”.

A pesar de su alegría, Yuraní también explica la parte que no le gusta, sacar piedra: “a veces hay unas piedras muy grandes y tienes que hacer mucha fuerza, a veces a uno le dan dolores de cintura”, cuenta.

En su trabajo ya no usa más mercurio, aunque extrae el mineral de manera artesanal, no le interesa usar este material contaminante. “Antes de que yo quedara en embarazo, trabajaba con mercurio; cuando quedé en embarazo escuchaba que eso era malo y ya uno lo va dejando y ya no lo utilizamos más”. La madre de familia explica que el oro de la quebrada sale bastante puro: “a veces sí uno le puede echar salvia para que el oro se asente, para limpiarlo, y necesita un imán para sacarle unas cosas negritas que él tiene, uno lo pone en un trapito amarrado y a secarlo y ya, o en una cuchara en el fogón”.

Yurani ha empezado a participar en talleres organizados por la Alianza por la Minería Responsable. La fundación les ha socializado temas de elementos de protección personal y mercurio. “Hablaron de implementos para uno llevar en las quebradas, de botas, de palas, de herramientas personales, guantes (…)”, recuerda, sin embargo también acepta que a veces va con chanclas a trabajar: “a veces no hay plata pa’ comprar, y a veces uno se lastima los dedos si le cae una piedra”. En cuanto al mercurio, explica que no pesca peces porque están contaminados por este, y conversa sobre la necesidad de que poco a poco vayan dejando el mercurio las otras mineras y mineros de la zona.

Yurani es una mujer empoderada, amable y que no deja de sonreír. Tiene espíritu de superación y agradece lo que tiene: “yo fuera de mi finca no me puedo estar, no veo la hora de venirme cuando me voy para otra parte”. Esta barequera del Cauca colombiano está dispuesta a mejorar su condición de vida en su territorio, y quiere implicarse en su educación tanto minera como para, a la larga, llegar a ser maestra.

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Desde la Alianza por la Minería Responsable le agradecemos el tiempo que participa en las actividades que organizamos, sabemos que con esta dedicación y esfuerzo logrará lo que se proponga.

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