Historias del territorio

La labor digna de un minero Colombiano,

Rubiel Benavides, Cauca, Colombia

Rubiel Benavides lleva 13 años ejerciendo de minero. Antes, de manera informal; ahora, después de esfuerzos de su comunidad, compañeros/as de trabajo y suyos propios, algunos ya pueden ejercer la minería formal y trabajar en el camino de la minería responsable hacía, a la larga, poder lograr una minería justa.

El minero, de 57 años de edad, sonríe mientras cuenta que hace 8 años trabaja en la Cooperativa minera Limoncito. La expresión de su cara no es una excepción, Rubiel es un hombre especialmente positivo y sonriente. Su experiencia le demuestra que con esta actitud ha podido lograr muchas metas.

Él es el molinero (encargado del proceso de molienda) de la organización, trabaja en la planta de beneficio de mineral junto a tres compañeros más: el machador (encargado del proceso de trituración), el químico y el soldador. Anteriormente a la minería, se había ganado un sueldo “haciendo trabajos en la carretera, siendo contratista del Instituto de vías”, entre otros. También había vivido en la ciudad de Popayán un tiempo, pero extrañaba la tranquilidad de la zona rural y decidió regresar a su vereda en el departamento del Cauca, Colombia: “yo viví en Popayán y me aburrí, me volví aquí otra vez”, cuenta con una carcajada final.

Ahora vive en una casa con su mujer, con quien tienen tres hijos. La menor, de 18 años, sigue en Popayán estudiando Ecología, y es la única a la que aún apoyan económicamente sus padres. Los otros dos hijos son mineros y viven cerca de Rubiel, trabajando en la misma zona.

Hijo de agricultores, minero a pequeña escala

Hablando de minería responsable, Rubiel comenta que esta “sería tenerlo todo bien, [trabajar] con seguridad y pasar todo lo que requiere el Estado”. A partir de esta conversación, también hace reflexiones sobre medioambiente, aspectos laborales y sociales: “pienso que, ojalá, todo se legalice”, sueña en voz alta, sin embargo, es consciente de las dificultades y falta de apoyo que vive la comunidad en la que vive.

Rubiel habla de la minería con orgullo: “me gusta todo, lo que me toque, todo [lo hago] con amor”, cuenta. Explica que “uno trabaja donde lo manden” y dice disfrutar todo por igual. Antes de ser molinero, él extraía mineral directamente de una bocamina, en la misma cooperativa. A pesar de no venir de familia minera, sus hijos sí que trabajan en la minería, pero sus padres se dedicaban al cultivo de maíz, papa o caña, y fueron agricultores toda la vida. En una familia de cinco hijos, esta actividad era la que llevaba el alimento a la casa.

“¿Qué hace falta para que se legalice más la minería?”, le preguntamos, a lo que responde: “a ratos esfuerzo, a ratos voluntad… los mineros que son ilegales necesitan igualmente un sustento, aunque les gustaría cambiar… cada día estoy hablando con ellos y quieren ver quién les puede apoyar”.

Le gustaría convencer a otros mineros: “que cojan el ejemplo de otros, ir poquito a poco hasta que se legalicen”.

“Mi día a día”

«Me levanto a las 5 a.m., me toca prender [las máquinas] a las 6. Subo en moto a trabajar, como la mayoría de mis compañeros. Trabajo de 6 a 6, con un descanso en el almuerzo. A las 6 regreso a la casa y a descansar. Trabajo 5 o 6 días a la semana, hay semanas que trabajo 7 días cuando el vigilante tiene fiesta, para reemplazarlo”. Los días libres, Rubiel va a ver a si hija o hacen un asado en familia.

La minería a pequeña escala puede ser responsable

A pesar de que la cantidad de mineral que se extrae es menor, Rubiel considera que la minería a pequeña escala puede ser más responsable: “Yo creo que, si se propone, se hace. Es que proponiéndose se hacen las cosas”.

Cuando le preguntamos qué visualiza personalmente para los próximos años, cuenta con las manos en la cabeza que quiere “seguir trabajando (…) cuando me pensione buscaré otro trabajito porque estoy muy acostumbrado a trabajar”. Explica que no puede estar sin hacer nada porque se aburriría.

¿Qué les diría a las personas que nunca han visto minería a pequeña escala o conocido a pequeños mineros?

“Que uno dentro de la minería va aprendiendo poco a poco. (…) Yo no sabía nada de minería, me daba un miedo… decía mañana no vuelvo y, a los 8 días, perdí el miedo. Me esforcé mucho para llegar donde estoy”. La conversación sigue, donde Rubiel recuerda sus vivencias y valora todo lo que ha aprendido, también gracias a capacitaciones del SENA. Además, destaca la buena convivencia en el trabajo: “somos buenos compañeros entre nosotros, trabajamos 14 personas en la mina y nunca hay malas palabras… hay compañerismo”.

La Alianza por la Minería Responsable (ARM) ha acompañado a la Cooperativa Limoncito en un corto proceso realizando visitas, inspecciones a los sitios mineros y algunas capacitaciones. Esta organización minera forma parte del espacio de diálogo municipal sobre minería artesanal y de pequeña escala, fomentado por ARM y la Alcaldía del municipio. Desde la fundación agradecemos mucho a Limoncito por su buena disposición en trabajar conjuntamente y, en especial, a Rubiel por darnos el espacio de esta entrevista y contarnos su interesante historia.

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