Historias del territorio

La tradición de la alfarería  en Boyacá, Colombia 

Entre risas de complicidad y picardía me reciben Sandra Patricia Molano Gómez de 37 años y Libia Rosmery Vargas de 41 años. Sus rostros reflejan valentía y serenidad. Ellas, con sus manos, desarrollan uno de los oficios más viejos de la humanidad: la alfarería.

Los chircales

A 1 hora en carro del municipio de Sogamoso se encuentra la vereda de Pantanitos Alto en Boyacá, Colombia. Al entrar a este lugar se puede evidenciar el peso económico que tiene la alfarería: mires por donde mires, ves hornos levantándose entre las montañas. Estos hornos, hechos en ladrillo, se encuentran en los chircales, sitio donde trabajan las mineras y los mineros elaborando ladrillos.

Anteriormente la elaboración del ladrillo era más artesanal, “se pisaba el barro con los pies y se usaban caballos para hacer los ladrillos” explica Sandra. Actualmente se ha tecnificado el oficio, por lo que usan máquinas que ayudan a las alfareras a sus labores diarias.

Para la elaboración del ladrillo, se mezcla “arcilla, greda y arena” dice Libia. Todo eso se remoja y se deja madurar, después se pasa a los moldes y se cortan los ladrillos. Una vez estén listos, se pasan al horno. Libia comenta que se pueden demorar “hasta dos días para llenar el horno”. Posteriormente se hace la quema y, después de enfriarse, el ladrillo “está listo para venderse”, expresa Sandra.

 

Su legado

Las dos crecieron entre arcilla, greda y barro. Sandra dice que su familia pensaba que el estudio no le iba a ayudar para su vida, por lo que ella trabaja desde los 9 años elaborando ladrillos, hasta el día de hoy. Al igual que Sandra, Libia también viene de una tradición alfarera. Sus abuelos, sus padres y su familia siempre han trabajado directa o indirectamente en el sector minero.

Este trabajo ha sido su sustento económico durante muchos años, por lo que están muy agradecidas y se sienten orgullosas de ser mujeres mineras. Sandra dice que “esta actividad es muy bonita, porque uno puede estar pendiente de sus hijos y su familia. Si usted amaneció con pereza, pues no trabaja en todo el día”. Agrega: “yo quiero mucho este trabajo porque es lo que he ejercido toda mi vida”.

A pesar de su tradición y arraigo a la alfarería, Sandra y Libia quisieran que sus hijos siguieran otros pasos. “Una les dice a sus hijos que valoren el estudio, por lo que a una le tocó muy pesado. Una sabe cómo es esto”, dice Sandra. 

Jornada laboral: “cada día es muy diferente”  

Ellas viven en Pantanitos Alto una comunidad de tradición alfarera. “Nos levantamos alrededor de las 5 de la mañana”, dice Libia. Su hijo entra a estudiar a las 6:45 a.m., por lo que ella se despierta temprano para hacerle el desayuno y estar atenta a que él salga de la casa a las 6 hacia el colegio. Después se alista y se prepara para su jornada laboral.

Cada día es muy diferente, depende del trabajo que haya y del paso en el cual se encuentren en la elaboración del ladrillo. Sandra explica que unos días pueden ayudar en el corte del ladrillo, o llenando el horno, o cargando el camión con los ladrillos. “Nosotras vivimos al diario” agrega Libia. 

Mujeres empoderadas y comprometidas

Libia y Sandra hacen parte de la Asociación de Mujeres Mineras Emprendedoras (AMME) de Boyacá, Colombia. Ellas, junto a otras 63 mujeres, crearon AMME, con el apoyo de la Alianza por la Minería Responsable (ARM) y el financiamiento del Fondo Canadiense para Iniciativas Locales (FCIL) en el marco del proyecto Orgullosamente mineras, que tiene el fin de empoderar a las mujeres mineras de la región y promover la equidad de género en el sector de la minería artesanal y de pequeña escala . 

Comentan estar  muy agradecidas con el apoyo brindado. Sandra dice que “ARM nos ha enseñado varias cosas. Las capacitaciones me han ayudado con la autoestima ”. Gracias a todas las capacitaciones que las mujeres de Boyacá han recibido, estas han cambiado su forma de pensar y de ver las cosas. “Yo dejé de hacer muchas cosas por empezar a trabajar. Y las capacitaciones me han servido para eso, para darme cuenta de todas las cosas que puedo hacer, y dejar complejos” indica Libia.  

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